Un estudio científico realizado en Finlandia determinó que los orgasmos femeninos durante la menopausia, ayudan a reducir la presión arterial y a tener una buena salud cardiovascular.
La investigación analizó a 117 mujeres de entre 60 y 64 años, un grupo donde el riesgo de enfermedades cardiovasculares tiende a aumentar. Además del placer, la sexualidad en esta etapa podría incidir en parámetros fisiológicos considerados críticos para la prevención de patologías cardíacas, de acuerdo a lo reseñado por el medio británico The Telegraph.
Por lo tanto, la sexualidad en esta etapa de la vida no solo cumple funciones de placer, sino que también podría incidir positivamente en marcadores fisiológicos claves en la salud.
RESULTADOS CONTUNDENTES
Los resultados evidenciaron que quienes reportaron mayor satisfacción sexual y frecuencia de orgasmos obtuvieron mejores resultados en el índice tobillo-brazo, un marcador clave para la salud vascular, y puntuaciones superiores en el Female Sexual Function Index, que mide la función sexual femenina.
La satisfacción sexual y la capacidad de alcanzar el orgasmo se asociaron también con menor dolor durante el sexo y mejores indicadores arteriales, lo que sugiere un impacto positivo más allá del placer, reseñó Infobae.
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El abordaje médico resalta la función de las hormonas liberadas durante el orgasmo. Según declaraciones recogidas por The Telegraph de la ginecóloga Tania Adib, del Hospital Lister en Reino Unido, el orgasmo desencadena la liberación de oxitocina y dopamina, compuestos que favorecen el bienestar emocional y físico.
Por su parte, Susanna Unsworth, médica y asesora de la marca Intimina, indicó que los orgasmos elevan tanto la dopamina como la serotonina, lo que puede ayudar a mitigar síntomas típicos de la menopausia, como los sofocos y las alteraciones del ánimo.
La especialista en menopausia Shahzadi Harper, de The Harper Clinic, subrayó en el mismo medio que la actividad sexual regular y la obtención de orgasmos contribuyen a fortalecer los músculos del suelo pélvico y a mantener la anatomía vulvo-vaginal, previniendo así el deterioro de los tejidos genitales, una complicación frecuente en el climaterio.

