La muerte de Juan Maeso, el anestesiólogo condenado a casi 2.000 mil años de prisión por uno de los mayores escándalos sanitarios registrados en España, cierra un capítulo marcado por el dolor, la indignación y un largo proceso judicial.
Maeso falleció este lunes, 30 de marzo, tras una prolongada enfermedad (sin precisar hasta los momentos), apenas tres años después de haber obtenido la libertad condicional debido a su delicado estado de salud y avanzada edad (84 años).
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Para dimensionar, quién fue Measo, basta con saber que su nombre quedó asociado para siempre al mayor contagio masivo de hepatitis C documentado en España.
De hecho, la condena (también histórica) contra Maeso, dictada en 2007, ascendió a 1.933 años de cárcel por infectar a 275 pacientes intervenidos en cuatro hospitales de Valencia entre 1988 y 1998.
El fallo judicial lo consideró responsable de 275 delitos de lesiones y cuatro de homicidio imprudente, en un caso que conmocionó a la opinión pública y que se convirtió en referencia internacional sobre negligencia médica extrema.
Maeso contagió a sus pacientes principalmente debido a prácticas de reutilización de jeringas y material médico contaminado durante procedimientos quirúrgicos.
Por eso, su macrojuicio duró un año y medio, en el que testificaron más de 600 personas. Tras ser condenado, ingresó en la prisión de Aranjuez ante un «evidente» riesgo de fuga.
Dos años más tarde el Tribunal Supremo ratificó la condena pese a que el médico siempre defendió que todo el proceso había sido «un montaje», alegando que se había manipulado su genotipo.
Aunque la legislación española limita el tiempo efectivo de cumplimiento, la sentencia tuvo un fuerte valor simbólico y jurídico.
La Audiencia Provincial de Valencia también impuso cuantiosas indemnizaciones a las víctimas y sus familias.
Según la sentencia citada por Europa Press, las compensaciones incluyeron pagos de hasta 150.000 euros para allegados de pacientes fallecidos, además de diversas cuantías para los afectados y cerca de un millón de euros en responsabilidad civil global.
En concreto, el fallo subrayó la gravedad del daño causado y la prolongada duración del patrón de contagios, que se extendió durante una década.

UNA DÉCADA DE TERROR
Los hechos atribuidos a Maeso comenzaron el 15 de diciembre de 1988, cuando una niña de cinco años resultó infectada, y se prolongaron hasta enero de 1998.
Ese mismo año, tras detectarse que era portador del virus, se le prohibió el acceso a un centro hospitalario privado y abandonó su puesto en el hospital La Fe de Valencia, donde ejercía como jefe del servicio de anestesia en el área maternal.
La investigación posterior reveló dicho patrón de contagio sostenido y compatible con prácticas médicas irregulares.
A pesar de la contundencia de las pruebas y del fallo, el anestesista mantuvo hasta el final su inocencia.
Lo cierto, es que con su fallecimiento, las víctimas y sus familias cierran un capítulo que marcó profundamente la historia sanitaria española.
Aunque la justicia sentó un precedente contundente, muchos afectados han señalado durante años que ninguna condena podía reparar el daño sufrido.

