En las semanas posteriores al devastador doble terremoto del 24 de junio en nuestro país, les he hablado ampliamente sobre el impacto emocional que nos dejó el sismo y las dolorosas consecuencias físicas que enfrentan cientos de venezolanos, como las amputaciones traumáticas debido a las fallas estructurales de nuestro sistema de salud.
Sin embargo, hoy me embarga una profunda inquietud que va más allá de la cicatriz visible: me preocupa la calidad de vida y la condición humana de aquellos que han quedado atrapados en la realidad de los refugios. ¿Qué repercusiones trae para un ciudadano, desde todo punto de vista, vivir en un albergue «transitorio»? ¿Cómo queda su estructura emocional, su independencia laboral y su seguridad ante los riesgos delictivos o el abuso sexual? Y, sobre todo, me pregunto con urgencia: ¿Qué significa realmente que un refugio sea «transitorio»? ¿Cuánto tiempo debería durar? ¿Existe por parte del Estado un plan real de construcción y reubicación en viviendas dignas, o se convertirá una solución de emergencia en un estilo de vida precarizado?
Para comprender la magnitud de este problema, debemos mirar la arquitectura humanitaria internacional. La habitabilidad post-desastre está dividida en tres etapas estrictas: el Refugio de Emergencia (carpas o polideportivos) para salvar vidas durante las primeras 1 a 3 semanas; el Refugio Transitorio (módulos o campamentos) para estabilizar a la población mientras se reconstruye, con una duración máxima tolerable de 3 a 6 meses; y finalmente la Vivienda Permanente.
Superar el umbral de los 6 meses transforma una ayuda temporal en un factor de habituación marginal. Cuando lo «transitorio» se eterniza, se deteriora la salud mental y el tejido social de forma irreversible. Y esto me genera un dolor inmenso, porque este escenario no ocurre en un vacío, sino sobre la crisis socioeconómica previa que ya atravesaba Venezuela, empeorando exponencialmente cada vulnerabilidad.
El costo biológico, humano y social de la incertidumbre
Desde el ámbito de la salud mental y la sociología, los especialistas señalan que el hacinamiento y la falta de espacio propio diluyen la identidad. La psicóloga y socióloga experta en traumas comunitarios, la Dra. Martha Hio, ha documentado en estudios sobre desastres en América Latina que la pérdida de privacidad reduce la vida del individuo a un cubículo o litera, despojándolo de su individualidad y generando el fenómeno de «institucionalización»: la persona pierde su autonomía emocional y se adapta a una dependencia pasiva de la ayuda externa. A nivel neurobiológico, la imposibilidad de planificar el futuro debido a la incertidumbre constante bloquea la toma de decisiones y mantiene el eje del estrés elevado de forma crónica, lo que desencadena depresión severa y ansiedad generalizada tanto en adultos como en niños expuestos al sufrimiento ajeno.
En el aspecto económico y de seguridad, la situación es igualmente crítica. El desarraigo geográfico aleja a las personas de sus fuentes de empleo tradicionales, condenándolas a la informalidad. Asimismo, la falta de intimidad y de divisiones físicas reales en los refugios expone a mujeres y menores a riesgos alarmantes de violencia de género, promiscuidad temprana y abuso sexual.
Investigaciones publicadas en revistas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre poblaciones desplazadas confirman que el estrés ambiental crónico dispara las tasas de ruptura familiar, el consumo de sustancias y la entrada de economías ilícitas dentro de las instalaciones. Si no hay un control estricto de accesos ni un diseño seguro del espacio, el refugio deja de ser un protector para convertirse en un entorno de alta amenaza.
Según expertos … ¿Cuáles son los protocolos de diseño seguro y prevención en los refugios? ¿Se están cumpliendo?
- Garantizar la privacidad y separación física. Se deben instalar divisiones físicas reales, opacas y sólidas entre núcleos familiares, erradicando el uso de sábanas o materiales endebles. Asimismo, los módulos de baños deben estar diferenciados por sexo, equipados con cerraduras internas robustas y ubicados en zonas iluminadas y seguras.
- Establecer gobernanza comunitaria y alerta temprana. Es vital crear comités de seguridad mixtos (hombres y mujeres) en turnos rotativos, coordinados con el personal de seguridad que este custodiando el campamento. Distribuir silbatos o alarmas sonoras y mantener un registro riguroso con brazaletes para la entrada y salida de personas evita la infiltración de la delincuencia.
- Implementar un código de conducta y canales de denuncia. Todo personal voluntario, humanitario o residente debe firmar un acuerdo de tolerancia cero al abuso o la explotación sexual. Deben colocarse casilleros de denuncia anónima y crear «espacios amigables» exclusivos para el juego infantil y la lactancia.
En refugios … ¿Cuáles son las son las herramientas para la preservación de la estructura emocional de las víctimas del terremoto?
- Normar el espacio propio dentro de las limitaciones. A pesar de la reducción del espacio físico, los cuidadores y adultos deben delimitar pequeñas normas familiares dentro del cubículo o litera. Mantener hábitos de orden y horarios para las comidas ayuda a preservar la identidad y la dignidad familiar.
- Evitar la parálisis por incertidumbre mediante micro rutinas. Fomentar el autoempleo, la lectura o el voluntariado dentro del mismo refugio evita caer en la trampa de la apatía. Sentirse útil a diario es el mejor antídoto psicológico contra la desesperanza aprendida.
- Buscar contención emocional y espacios de desahogo. Promover círculos de palabra o apoyo psicológico entre los mismos refugiados para procesar el duelo de lo perdido. Expresar el cansancio y la rabia en un entorno seguro evita que estas emociones se canalicen mediante violencia intrafamiliar o resentimiento.
Finalmente …
Un refugio no puede ser la respuesta definitiva de un país ante la tragedia; debe ser una estación de paso breve con fecha de expiración clara. La condición humana exige dignidad, techo propio y la restitución de la libertad para trabajar y soñar. Exigir planes de construcción y reubicación transparentes no es un capricho de la gente, es un derecho humano y una urgencia de salud pública.
No permitamos que el tiempo borre la necesidad de quienes hoy lo perdieron todo.
¡A tu salud!
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