La reveladora declaración de Marco Rubio en juicio contra excongresista acusado de ‘hacer lobby’ a favor de Maduro

Luis Alfredo Ledezma
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Marco Rubio, secretario de Estados de EEUU / Archivo

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró este martes, 24 de marzo, en una corte federal de Miami como testigo en el juicio contra el excongresista David Rivera, acusado de realizar gestiones —lobby— no registradas para favorecer a Nicolás Maduro.  

En concreto, Rivera, junto con Esther Nuhfer, enfrentan un juicio en el sur de Florida acusados de intentar influir ante el Gobierno estadounidense para suavizar las sanciones al régimen chavista de Maduro durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2021), cuando Rubio era senador en Washington. 

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De acuerdo con CBS News y otros medios, Rubio afirmó ante la Fiscalía que desconocía la existencia de un contrato millonario que, según la acusación, Rivera habría suscrito en 2017 con una filial estadounidense de la petrolera estatal venezolana Petróleos de Venezuela (PDVSA) para promover el acercamiento político con Caracas.  

Rubio, quien mantiene una relación de amistad con Rivera desde los años noventa, relató que aceptó reunirse con él en dos ocasiones en 2017, cuando era senador.  

En esos encuentros, Rivera le presentó un supuesto plan que involucraba al empresario venezolano Raúl Gorrín como intermediario. Específicamente, para hacer llegar a Donald Trump una carta de Nicolás Maduro en la que se propondría una transición pacífica hacia la democracia. 

El secretario de Estado subrayó que nunca vio tal carta y calificó la segunda reunión, realizada en un hotel de Washington con la presencia de Gorrín, como una «pérdida de tiempo». 

«Tenía mis dudas de que fuera cierto», dijo Rubio sobre las afirmaciones de que Maduro se apartaría del poder.  

«Porque hemos visto a muchas otras personas» intentar hacer lo mismo con «traidores que constantemente hacían estas afirmaciones», agregó. 

Durante el interrogatorio, Rubio admitió que, como supuesta prueba de que Raúl Gorrín financiaba a la oposición venezolana y podía ser un interlocutor válido con Maduro, Rivera le mostró en su computador una cuenta en la que se observaban millonarias transacciones atribuidas al empresario, actualmente prófugo de la justicia estadounidense. 

No obstante, Rubio afirmó que desconocía a quién pertenecía la cuenta y no le preguntó a Rivera al respecto. 

Rivera es acusado de intentar influir ante el Gobierno estadounidense para suavizar las sanciones / Archivo

¿POR QUÉ ACCEDIÓ A LAS REUNIONES?  

El secretario de Estado explicó que, pese a su escepticismo sobre las intenciones reales del chavismo, consideró que valía la pena explorar cualquier vía que pudiera conducir a un proceso democrático en Venezuela. Especialmente viniendo de alguien a quien conocía desde hacía décadas como Rivera.  

Recordó además dos discursos que pronunció en 2017. Uno en el Senado y otro grabado para Globovisión. En los mismos, utilizó mensajes sugeridos por Rivera para enfatizar que no habría «venganza» contra el chavismo si se iniciaba una transición genuina. 

Rubio también reveló que, tras esas reuniones, recibió información de las autoridades estadounidenses sobre una amenaza contra su vida atribuida a Diosdado Cabello.

Como consecuencia, su equipo de seguridad fue reforzado durante varios meses.  

El secretario de Estado señaló que incluso pidió a Rivera averiguar más detalles sobre esa amenaza. Esto, dada la cercanía que este decía tener con intermediarios vinculados al régimen venezolano. 

En tanto, la defensa de Rivera y Esther Nuhfer, también acusada en el caso, centró su estrategia en demostrar que la relación entre los tres trascendía lo político y tenía un carácter personal y familiar, algo que Rubio reconoció.  

Los abogados insistieron en que tanto Rivera como Nuhfer compartían con Rubio una postura firme contra el totalitarismo en Cuba y Venezuela. Un punto que el secretario de Estado no disputó. 

En una entrevista con CBS News Miami antes de que Rivera fuera acusado formalmente, Rubio dijo que el trabajo de cabildeo no tenía «nada que ver» con él ni con su relación con el acusado. 

«Lo conozco desde hace mucho tiempo. Hemos trabajado juntos, pero no en esto. Y no hay una sola persona que afirme lo contrario», dijo Rubio. 

En tanto, el juicio continúa mientras la Fiscalía intenta probar que Rivera actuó como agente no registrado de un gobierno extranjero, violando la legislación estadounidense.

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