Devastadora es la escena en el centro de detención para migrante familiar para migrantes de Dilley, en Texas (EEUU), ya que una decena de niños revelaron entre lágrimas, las experiencias que viven tras las rejas junto a sus madres.
Los niños hicieron fila para hablar con N+ Univisión. Frente a la periodista Lidia Terrazas, cada menor describió su tristeza, miedo y deseo urgente de recuperar la libertad.
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Daly, de apenas cuatro años, rompió en llanto al decir cuánto extraña a su abuela. Su madre, quien acaba de enterarse de que está embarazada, confesó que un guardia le ordenó guardar silencio sobre su estado.
Entre los testimonios más duros estuvo el de Esquel Mayorga, una madre venezolana, quien lleva más de 120 días detenida.
Ella leyó la carta escrita por su hija, de nueve años, un mensaje que condensa la angustia de la infancia en cautiverio.
“Tenemos cuatro meses, pero para mí y mi hermana parece como un año. Me siento triste, ya quiero salir”, reza parte de la misiva.
La niña también suplicó ayuda porque, según escribió, teme por la vida de sus padres y la suya.
DIBUJOS DESGARRADORES
A solo una hora de Dilley, otra menor, Yomaira, de nueve años, recuperó la libertad tras cautivar al país con un dibujo publicado por ProPublica.
En un albergue de Laredo, antes de regresar a Nueva York, confesó que lo que más extrañó fue la sensación de estar segura.
Yomaira es solo una, de los aproximadamente 300 niños cuyas vidas quedaron en pausa, tras ser detenidos junto a sus padres en los últimos meses.
Entre las denuncias más repetidas por los menores y los adultos está la falta de agua potable, una acusación que el Departamento de Seguridad Nacional niega rotundamente.
De hecho, un vocero aseguró que el centro está adaptado para familias, con acceso a maestros, aulas y atención médica.
Sin embargo, los testimonios recogidos por el mencionado medio de comunicación describen un entorno muy distinto, marcado por la incertidumbre, el aislamiento y episodios en los que incluso separaron a mujeres y niños durante las propias entrevistas.
En tanto, los dibujos de los menores se han convertido en una ventana a su realidad emocional. María Antonia, de nueve años, describió en uno de ellos la habitación donde estuvo retenida con su madre durante cuatro meses.
Ambas fueron detenidas el 2 de octubre en el aeropuerto de Miami, pese a que la niña había ingresado —aparentemente— de manera legal con su visa para pasar vacaciones con su mamá, como en años anteriores.
Lo que se explicó, es que la madre llevaba siete años viviendo en Estados Unidos mientras avanzaba su proceso migratorio. Dos días después del arresto, según su relato, fueron trasladadas a un centro de detención en Texas.
La niña contó que durante los primeros días se sintió «culpable», convencida de que la habían usado como pretexto para detener a su madre.
En una carta escrita a mano, relató: “Yo viajé con mi visa y tu visa, pero me usaron para agarrar a mi mamá. Ahora estoy en una cárcel y estoy triste. Yo sentía que era mi culpa porque me agarraron a mí para agarrarla a ella”.
Su testimonio, como el de tantos otros, revela el impacto psicológico que la detención prolongada está teniendo sobre los menores, quienes no comprenden por qué están encerrados ni cuánto tiempo permanecerán allí.
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