El rescatista mexicano, José Plácido Quevedo Reyes, aseguró que en sus 25 años de experiencia jamás había visto una destrucción tan grande como la que presenció cuando llegó a La Guaira con edificios derrumbados, casas destruidas y un fuerte olor a carne en descomposición por todos lados, que se intensificaba cuando los rayos del sol eran más intensos.
«Para donde volteas, hay edificios derrumbados, la carretera abierta. Había mucho caos», recordó el rescatista que trabaja para la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Silao en su país, y que arribó a Venezuela el 28 de junio a las 10:30 de la mañana para buscar a sobrevivientes.
«Había gente intentando remover a otras personas de entre los escombros y personal de rescate que ya estaba desde antes que nosotros», comentó al medio Milenio.

En este sentido, destacó que aunque un rescatista debe estar preparado para cualquier situación esto los sobrepasó. «Sí te mueve algunos sentimientos escuchar y ver cómo está desesperada la gente; sí cambia totalmente la dinámica».
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«Cuando comenzamos a hacer unas extracciones, el olor era bastante fuerte, a carne en descomposición. Entre más quitábamos escombros, el olor se iba incrementando, y hubo un punto en donde ya no era soportable, además del calor que hace aquí… pues era muy fuerte», enfatizó.
En este sentido, señaló que el olor quedó impregnado en su nariz. No obstante, esto le terminó dando más fuerzas para continuar y entregar a los familiares ubicados en la zona los cuerpos de sus seres queridos. «No sé si eso fue compromiso o motivación, o una combinación de ambos, pero nunca optamos por dejarlo».
La mayor parte del tiempo se enfocaron en rescatar a unos niños bajo los escombros de una casa, pero no los encontraron. Incluso aseguró que utilizaron varias técnicas de rescate, pero ninguna funcionó. «Se nos complicó por el tiempo, el clima y el cansancio».
La jornada iniciaba a las 6 de la mañana y culminaba a las 12 de la noche. El rescatista no sabía ni la edad ni los nombres de los infantes; solo estaba enfocado en recuperar sus cuerpos. «Sí fue algo que como rescatistas, hasta cierto punto sí nos desmotiva».
PAREJA ABRAZADA CON SU PERRITO
El rescatista recordó que en otro momento un hombre se les acercó y les pidió ayuda para buscar a su hija y a su yerno, quienes se encontraban debajo de los escombros de un edificio.
Posteriormente, el hombre con lágrimas en los ojos los condujo hasta el lugar, donde los rescatistas trabajaron por tres horas hasta encontrar los cuerpos. «Al momento en que pudimos tener contacto visual con ellos, nos dimos cuenta de que la mujer estaba abrazada de su esposo y ambos estaban abrazados con el perrito. Eso también, quieras o no, nos deja marcados al saber que siempre hubo una unión entre ellos».

El rescatista recordó que el hombre se llamaba Roberto, de 40 años, y aunque no recuerda el nombre de la mujer, señaló que tenía 35. «Prácticamente, ya se veía el tejido óseo; es decir, los huesos del pie de la muchacha», dijo.
Al cabo de un rato el padre de la mujer, en compañía de su esposa y de su otro hijo, se acercó nuevamente al grupo de rescate para agradecerles por haber encontrado el cuerpo de su hija y de su yerno.

