Mientras la marea informativa avanza hacia otros temas, prefiero poner el foco en este momento en uno de los tantos dramas que ha dejado a su paso el doble terremoto; me refiero a unas heridas que serán un verdadero y silencioso calvario para un grupo de venezolanos.
Si, hoy paso por acá para visibilizar el drama de las amputaciones traumáticas; un aspecto importantísimo si tomamos en cuenta que de este grupo de venezolanos un 40% son niños. Estas líneas son un llamado urgente a la conciencia y a la acción social en un momento donde el sistema de salud no puede dar respuestas estructurales.
Un poco de historia …
Los escombros del terremoto del pasado 24 de junio comienzan a levantarse, el polvo se asienta y las noticias de nuestro país inevitablemente empiezan a girar hacia otros titulares. Sin embargo, para cientos de venezolanos, los reflectores de la emergencia se están apagando justo cuando arranca el verdadero, desgarrador e invisible calvario para todos los afectados y especialmente para los que hoy protagonizan mi artículo: los amputados.
Salvaron sus vidas en medio de la catástrofe, sí, y gracias a Dios por ello; pero lo hicieron a un costo biológico y emocional devastador. Hoy nos enfrentamos a una secuela médica alarmante y de la que poco se está haciendo mención aun: se estima que entre 100 y 200 compatriotas sufrieron amputaciones traumáticas para poder sobrevivir. Como les mencioné, los que tienen la información aproximada dicen que el 40% de estos pacientes son niños; pequeños cuyas infancias se interrumpieron en un segundo y cuyas vidas cambiaron para siempre.
Como sociedad civil, no podemos mirar hacia otro lado; los rescates ya “concluyeron”, pero ahora nos quedan varias preguntas incómodas: quién se encargará de acompañar estos cuerpos modificados en un entorno donde no se cuenta con un sistema de salud estatal robusto y dónde reubicaran a tantas personas que están en campamentos improvisados. No todos están en los dispuestos por las autoridades.
Muchos de estos pacientes fueron rescatados de las ruinas sin heridas físicas graves a simple vista, pero el Síndrome por Aplastamiento obligó a los cirujanos a tomar la decisión extrema de amputar para evitar un fallo multiorgánico fatal. Superada la crisis en el quirófano, emerge una realidad de vulnerabilidad extrema. Una amputación no es una cicatriz que cierra y se olvida; es una reconfiguración total y absoluta de la existencia, de la rutina y de la identidad. Requiere, por tanto, una estructura social permanente que reemplace el vacío estatal y que sostenga a los sobrevivientes no desde el lamento o la lástima estéril, sino desde la acción organizada.
La solidaridad del venezolano, esa que brilló con fuerza en las primeras horas del desastre, debe transformarse ahora en una red de apoyo constante a mediano y largo plazo. El espíritu humano es profundamente resiliente, de eso no tengo duda, pero para levantarse de las cenizas necesitamos brazos reales que le sirvan de apoyo.
El impacto es integral… ¿Qué dicen los expertos?
Para mi resulta imperativo recurrir a la literatura científica en medicina de rehabilitación e inclusión funcional para dimensionarles la escala de lo que estas personas van a necesitar durante los próximos años. Diversos estudios publicados en prestigiosas revistas médicas especializadas en trauma y ortopedia coinciden en que el abordaje de un paciente amputado debe ser multidisciplinario y continuo.
No se trata únicamente de poner una prótesis; el proceso exige fisiatría y fisioterapia intensiva para reentrenar el equilibrio, la postura y la movilidad, además de terapia ocupacional para aprender de nuevo a realizar las tareas más esenciales de la vida cotidiana, como vestirse o alimentarse. En el caso específico de la población infantil, el desafío biomédico se duplica de manera alarmante, ya que los dispositivos protésicos deben reemplazarse y reajustarse de manera constante debido al crecimiento óseo y muscular natural de los niños.
Desde el punto de vista de la salud mental y la sociología, las consecuencias emocionales de este proceso son titánicas. Informes de la Asociación Americana de Psicología (APA) señalan que la pérdida de un miembro del cuerpo desata un proceso de duelo corporal y emocional crónico, equiparable a la pérdida de un ser querido. Este trauma se complejiza exponencialmente al sumarse al estrés postraumático propio de haberlo perdido todo en un desastre natural.
Los especialistas en salud mental advierten sobre las secuelas negativas de no brindar un soporte psicológico oportuno, las cuales incluyen depresión severa, ansiedad generalizada, aislamiento social crónico y el desarrollo del dolor de miembro fantasma debido a la falta de plasticidad cerebral desregulada.
Por el contrario, las investigaciones demuestran que cuando el paciente cuenta con un entorno altamente empático, redes de apoyo sólidas y un acompañamiento psicoterapéutico continuo, el impacto se mitiga notablemente, promoviendo una aceptación más saludable de la nueva corporalidad y potenciando los índices de resiliencia y reinserción social.
Estrategias de apoyo inmediato y organización social civil: ¿Cómo podemos apoyar?
- Tejer redes de voluntariado especializado. El personal de salud, incluyendo fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos y trabajadores sociales, debe articular esfuerzos para ofrecer jornadas sostenidas y gratuitas de atención a los sobrevivientes. La rehabilitación continua es el único camino para devolverles la autonomía.
- Financiamiento de bancos de prótesis adaptativas. Es urgente coordinar esfuerzos entre el sector privado, fundaciones y la sociedad civil para la creación de fondos económicos transparentes destinados exclusivamente a la adquisición y mantenimiento de prótesis adaptativas, priorizando la demanda de la población infantil que requerirá cambios constantes.
- Visibilización y concienciación permanente: Utilicemos nuestras plataformas digitales y medios de comunicación no para el morbo, sino para mantener encendido el foco sobre las necesidades de estos venezolanos. La presión comunicacional y la sensibilización evitan que estas personas queden en el olvido una vez pasada la novedad de la emergencia.
¿Qué herramientas psicológicas deben conocer los familiares de los afectados?
- Validación y procesamiento del duelo corporal. Permitir el espacio para la tristeza, la rabia y la frustración es indispensable. El entorno familiar no debe forzar un optimismo irreal; el paciente necesita procesar la pérdida de su estado físico anterior para poder aceptar gradualmente su nueva realidad.
- Reentrenamiento de la autoeficacia en casa. La familia debe incentivar al paciente a realizar pequeñas tareas diarias por sí mismo, adaptando el espacio físico del hogar para que sea seguro. Fomentar la independencia paulatina reconstruye la autoestima desmoronada por el trauma.
- Búsqueda activa de psicoterapia especializada: El acompañamiento profesional en trauma y resiliencia cognitiva es vital para reconfigurar el autoconcepto del individuo. Entender que una pérdida física jamás debe cercenar la fuerza del espíritu es un proceso que requiere herramientas terapéuticas profundas.
En síntesis…
La salud también se sana desde la solidaridad colectiva y la acción estructurada. No podemos permitir que la inercia del día a día diluya el compromiso con estos venezolanos que hoy nos necesitan más que nunca.
Mitigar las secuelas de esta tragedia es una tarea compartida; apoyemos su camino, construyamos puentes de inclusión y demostremos que la empatía real se traduce en una estructura que acompaña y sostiene.
¡A tu salud!
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