Por María Laura García
Los cambios importantes generalmente no avisan y como ya lo sabemos éstos son INEVITABLES, así que aferrarse a lo que teníamos o pensábamos que sucedería es tonto y dramáticamente agotador, física y emocionalmente. Ahora bien, ciertamente, no todos los cambios son “apoteósicos”, la mayoría de esas transformaciones son pequeñas y quizás imperceptibles de momento, pero se suceden minuto a minuto cambiándolo todo para siempre.
Entonces ¿Por qué no fluir y buscar adaptarse? ¿Por qué resistirse? Si, generalmente nuestra primera reacción es la queja o la negación e incluso el miedo, que aparece casi siempre. Estos sentimientos NO nos permiten analizar o ver las situaciones con objetividad, por lo cual tendemos a reaccionar equivocadamente o para nada asertivos. Es más, lo cierto es que la vida se vuelve más humana u hosca, más gentil o terrible, en función de la actitud que tomamos ante lo inesperado.
Como siempre les digo en mi espacio A Tu Salud, la salud mental se pone a prueba en las transiciones. ¿Somos de los que vemos la majestad de la pared blanca o nos detenemos obsesivamente en el único «puntico negro» que le encontramos? Esta pregunta no es solo retórica; encierra la esencia de cómo procesamos nuestra realidad.
¿El porqué de la resistencia? ¿Al cerebro le gusta lo «Predecible»?
¿Por qué tendemos a hacerlo tan mal al aceptar los cambios? La neurociencia nos explica que el cerebro humano es, ante todo, una máquina de predicción. El Dr. Bruce Perry, renombrado psiquiatra y autor de ¿Qué te pasó?, explica que nuestro sistema nervioso busca constantemente patrones familiares porque la predictibilidad equivale a seguridad. Cuando surge un cambio brusco o un evento traumático, ese patrón se rompe y el cerebro entra en un estado de hiperalerta o estrés, interpretando lo «nuevo» como una amenaza de muerte, aunque sea una oportunidad de mejora.
A esto se suma lo que la Dra. Susan David, psicóloga de Harvard y autora de Agilidad Emocional, denomina el «anclaje en lo negativo». Nuestra biología tiene un sesgo de supervivencia que nos hace quedar «enganchados» en el punto negro. Ignoramos la pared blanca porque, evolutivamente, el punto negro podía ser un depredador. El problema es que, en la vida moderna, ese sesgo nos vuelve ansiosos y pesimistas, impidiéndonos fluir y confiar en el proceso.
Es un mito de la vida estática: ¿Qué hacemos con el dolor de una transición?
Muchos sufrimos porque esperamos desenlaces perfectos o rápidos. Queremos que el dolor del cambio pase «ya», sin entender que la vida no es estática ni lineal. El experto en transiciones Dr. William Bridges planteaba que todo cambio tiene tres fases: un final, una «zona neutral» (donde nada está claro) y un nuevo comienzo. El error que cometemos es querer saltar del final al nuevo comienzo sin transitar la zona neutral, ese espacio de incertidumbre donde realmente ocurre la evolución espiritual.
Si no aprendemos a fluir, nos paralizamos. La ansiedad por no saber qué pasará mañana nos anula hoy. No es beneficioso para nuestra salud mental esperar que la vida sea un mar en calma; la verdadera salud mental es aprender a navegar en la tormenta con la certeza de que somos capaces de recalcular la ruta.
Tips o Dinámica que recomiendo para un 2026 de Resiliencia y Flujo
Para gestionar los cambios, las crisis y esos eventos que nos sacuden, necesitamos herramientas que nos permitan ver la pared completa y no el agujerillo en ella. Aquí te dejo estas recomendaciones de expertos para vivir mejor este nuevo año:
1. Practica la «Aceptación Radical»: La Dra. Marsha Linehan, explica que la aceptación radical no es estar de acuerdo con lo que pasa, sino dejar de pelear con la realidad. Cuando algo cambie bruscamente, repite: «Esto es lo que está pasando ahora». Al dejar de resistirte, liberas energía mental para buscar soluciones en lugar de gastarla en lamentaciones.
2. El Ejercicio de «La Pared Completa»: Cada vez que tu mente se ancle en el «punto negro o agujero» de una pared blanca gigante, es decir, te tu cerebro terco se enfoque en el problema, la ruptura o la crisis; oblígate a enumerar tres áreas de tu «pared blanca» que siguen intactas. Puede ser tu salud, un amigo leal o tu capacidad de aprender. Esto reentrena tu atención selectiva.
3. Entiende el «Tiempo de Calibración»: Ante un evento traumático, recuerda que tu sistema nervioso necesita tiempo para «re-calibrar» su sentido de seguridad. No te exijas estar bien de inmediato. Trata tu proceso como una recuperación física: con paciencia, descanso y pasos pequeños. La salud mental no tiene atajos.
4. Sustituye la certeza por la curiosidad: La ansiedad nace del hambre de certeza. Cuando el futuro sea incierto, cambia el «¿Qué tal si todo sale mal?» por un «¿Qué tal si esto me lleva a algo mejor que aún no imagino?». La curiosidad reduce el miedo y abre espacio a la creatividad.
5. Regálate una especie de ritual de cierre y apertura: Para vivir mejor este año, escribe en un papel aquello que el cambio se llevó o lleva y dale las gracias por lo aprendido. Luego, escribe una intención de lo que quieres construir sobre ese nuevo terreno. Visualiza el cambio no como una pérdida, sino como una poda necesaria para un nuevo crecimiento.
Finalmente…
«En definitiva, aprender a fluir con el cambio no es una señal de debilidad, sino la mayor prueba de nuestra fortaleza espiritual y mental. Este 2026 nos desafiará a apartar la vista de ese ‘punto negro’ que a veces nos obsesiona, para empezar a honrar la inmensidad de la ‘pared blanca’ que es nuestra vida.
Recordemos que el bienestar no es un destino estático, sino un proceso de recalibración constante. Hoy te invito a que, frente a lo inesperado, elijas la curiosidad sobre el miedo y la confianza sobre la queja. Porque al final del día, no son los eventos los que definen nuestra historia, sino la valentía con la que decidimos abrazarlos para seguir evolucionando. ¡Vamos adelante!»
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