El cine de dinosaurios ha estado encasillado durante años en la misma fórmula de parques temáticos colapsados y nostalgia repetitiva. Por eso, reencontrarnos con una propuesta como El final de la calle Oak se siente como un verdadero soplo de aire fresco para el género.
Lo primero que hay que destacar es que la película no tiene prisa. Se toma su tiempo para presentar a los personajes y construir dinámicas reales antes de desatar el caos, lo cual hace que los momentos de tensión de verdad importen. En la producción se nota de inmediato la mano y la firma de J.J. Abrams: ese ritmo misterioso, la atmósfera envolvente y el manejo del suspense que ya le hemos visto en producciones emblemáticas como Cloverfield, Super 8 o la saga 10 Cloverfield Lane.
En el apartado actoral, Anne Hathaway está sencillamente increíble, como de costumbre. Pero verla tomar el liderazgo, escopeta en mano, enfrentándose cara a cara contra dinosaurios es un espectáculo que no sabíamos que necesitábamos hasta que lo tuvimos en pantalla. Le aporta una seriedad y una presencia escénica que eleva por completo la película.
No es una película que busca ser profunda, su meta es entretener, pero si algo nos deja pensando es que muchas veces los problemas de los que nos quejamos, muchas veces terminan siendo más pequeños de lo que creíamos cuando la meta es sobrevivir.

A nivel de tono, la cinta no tiene piedad: regala secuencias que logran transmitir verdadero terror y construye giros y momentos cumbre que van a dejar a más de uno en shock en la sala de cine.
No estamos ante una obra que supere al clásico fundacional de Jurassic Park de Steven Spielberg. Sin embargo, cuando la comparamos con la etapa reciente de Jurassic World, El final de la calle Oak sale absurdamente victoriosa. Es mucho más entretenida, mantiene una coherencia narrativa impecable y demuestra que todavía se pueden contar buenas historias con criaturas prehistóricas sin caer en el ridículo.


