En Europa se está viendo con más claridad una conversación que en Venezuela y Latinoamérica todavía estamos obligados a aterrizar: la tecnología ya no puede pensarse por piezas. Nube por un lado, inteligencia artificial por otro, datos en otro departamento y ciberseguridad al final, como si fuera una póliza que se compra cuando todo lo demás ya está decidido. Ese modelo se agotó.
Uno de los casos que mejor refleja esa inflexión es hiberus. No lo digo como una marca que haya que mirar desde la lógica de la oferta, sino como una referencia española que ayuda a entender hacia dónde se mueve el mercado: menos tecnología aislada, más integración; menos proveedores sueltos, más arquitectura; menos improvisación digital, más cultura de ejecución.
La reciente operación con Telefónica Tech en Hispanoamérica va en esa dirección. Telefónica Tech anunció un acuerdo con hiberus para la adquisición de sus negocios en Colombia, México y Chile, manteniendo una alianza estratégica para seguir atendiendo clientes multinacionales en la región. Más que verla como una simple compra, la lectura interesante es otra: hiberus gana escala, talento, presencia regional y mayor capacidad para fortalecer su propuesta en cloud y ciberseguridad en Latinoamérica.
Para quienes no la conocen, hiberus es una consultora tecnológica española de capital privado que ha venido creciendo alrededor de una idea muy potente: agilidad, hiperespecialización y visión global con ejecución local. Pero el punto no es hacer una ficha corporativa. El punto es lo que ese modelo representa para mercados como el nuestro.
El caso del IESE Business School sobre hiberus, titulado una empresa de cultura, no de partitura, me pareció especialmente valioso porque no estudia la tecnología como catálogo, sino como sistema de gestión. IESE no analiza empresas para hacerles propaganda, sino para provocar discusión directiva sobre crecimiento, liderazgo, cultura y toma de decisiones. En ese documento, hiberus aparece como una compañía que, tras crecer con fuerza e internacionalizarse, se enfrenta a una pregunta que también deberían hacerse muchas organizaciones venezolanas: cómo escalar sin perder coherencia, especialización y capacidad real de ejecución.
Eso conecta con algo que he venido diciendo desde hace años: la ciberseguridad no puede seguir siendo el último punto de la agenda. No es una consola, una licencia, una auditoría anual o una charla para empleados. Es una manera de construir tecnología confiable. Está en cómo se diseña una aplicación, cómo se gobiernan los datos, cómo se conecta un proveedor, cómo se adopta inteligencia artificial y cómo responde una organización cuando algo falla.
El último Data Breach Investigations Report 2026 de Verizon confirma que el riesgo cambió de forma. El reporte señala que 31% de las brechas ya comienzan por explotación de vulnerabilidades de software, superando al robo de credenciales como principal vía de entrada. Reuters también reseñó que la IA está acelerando la detección y explotación de fallas, reduciendo la ventana de defensa de meses a horas.
Traducido al lenguaje de una junta directiva venezolana: ya no basta con decirle al empleado que no haga clic. El riesgo puede estar en una aplicación heredada, una nube mal gobernada, una integración hecha con prisa, un proveedor sin controles o una IA corporativa alimentada con información sensible.
Venezuela y Latinoamérica necesitan adaptar ese modelo de pensamiento. No se trata de copiar a una empresa española ni de importar una receta cerrada. Se trata de entender la lección: la transformación digital madura no separa cloud, datos, IA, software, operación y ciberseguridad. Los integra bajo una misma lógica de gobierno.
La próxima gran brecha no necesariamente vendrá de un ciberdelincuente brillante. Puede venir de una organización que compró tecnología, pero nunca aprendió a gobernarla.
En la economía que viene, el verdadero diferencial no será tener más plataformas. Será tener tecnología confiable, segura y capaz de sostener la operación cuando todo dependa de ella.
Rafael Núñez Aponte
CEO @MasQueSeguridad
Columnista Radar Cibernético
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