Un gran saludo a todos los lectores, quienes cada semana se toman el tiempo para conocer muchas situaciones de salud, que afectan nuestra vida diaria. En la historia de hoy quiero contarles sobre Arquímedes, porque lo que a él le ocurre también afecta a miles de hombres y sus parejas…
Un medio día de abril, Arquímedes Colmenares salía de su oficina ubicada en el centro financiero de la ciudad, la luz del sol, reflejada sobre carros y ventanas intensificaban la sensación de calor. Arquímedes rondaba los cincuenta años de edad, era calvo y como todos los hombres de su familia, estaba obligado a proteger su cabeza, usando gorras, boinas o sombreros, de acuerdo a la ocasión.
Vestía de sport con pantalón yen y un sweater cuello de tortuga que le generaba calor y prurito en el cuello. Haciendo rápidos movimientos circulares con el índice, separaba la tela de la piel. Deseaba deshacerse lo más pronto posible de esa vestimenta.
Al ver su imagen reflejada en un espejo, recordó por asociación los últimos eventos de salud que lo mantenían preocupado.
Hace años, Arquímedes comenzó a presentar cada vez mayor dificultad para la retracción del prepucio. Posterior a su actividad conyugal, observaba pequeñas heridas o fisuras en la piel de su miembro viril, sintiendo un molesto ardor, al contacto del jabón o con cualquier roce.
La mujer de Arquímedes le recomendó asistir al urólogo, a lo que, en principio, obedeciendo a su carácter terco y desconfiado, se negó rotundamente, pero al pasar varios meses de martirio, decidió consultar.
El doctor, después de escuchar el relato del paciente y examinarlo, descubrió que Arquímedes tenía el prepucio redundante, con la presencia de un anillo fimótico, que frenaba la suave retracción del mismo, es decir le diagnosticó “fimosis”.
También notó la presencia de unas lesiones parecidas a pequeñas espinitas, sospechosas de la infección por el virus del papiloma humano, de las cuales tomó muestra para un estudio llamado PCR.
El urólogo, le recomendó como mejor opción una cirugía ambulatoria, que consistía en remover la piel deteriorada y liberar a su miembro viril de esa condición. Era un procedimiento sencillo que se podía realizar hasta con anestesia local, pero Arquímedes le resultó poco grata tal recomendación y decidió consultar con un dermatólogo quien le administró tratamientos con cremas locales y algunas sugerencias que lograron mitigar parcialmente las molestias.
El urólogo se comunicó a las semanas extrañado por la ausencia de Arquímedes quien le dijo encontrarse de maravilla con un tratamiento de cremas y otras sustancias. El médico le insistió en lo importante de resolver la situación ya que además de la fimosis, el examen realizado durante su consulta, reportó positivo para el virus del papiloma humano, siendo muy preocupante que se trataba de un genoma viral con alta capacidad para producir cáncer.
Al colgar la llamada, Arquímedes le comentó al socio con malicia: “ese médico como que tiene un giro vencido y operando es que lo quiere pagar”. Ambos rieron y continuaron en sus actividades.
Hace más de cinco meses, Arquímedes se percató de una pequeña manchita color rosada muy cerca del glande. Pensó que se trataba de un pequeño trauma durante la reciente actividad sexual, pero al pasar de los días, la mancha permanecía sin cambios. Entonces decidió utilizar las antiguas cremas que una vez le recomendó el dermatólogo, con pobres resultados, al cabo de unas semanas.
Un amigo de la oficina le recomendó que usara tratamiento para los hongos, “que son muy frecuentes en esas partes”, diciéndole que lo mismo le había ocurrido a él, varias veces. Enseguida sacó de la gaveta del escritorio dos cajitas de distintos colores y cual capacitado facultativo le indicó: – “aplica esta crema todas las mañanas después del baño, también en las noches antes de dormir”. Luego le dio la otra cajita, y hablando con mucha seguridad: – “Estas pastillas son un tiro para desaparecer el hongo, tomate una diaria por dos semanas”
Pasados los meses la mancha se extendió hasta el glande y ahora era como una ronchita que no dolía ni picaba, solo estaba allí, con su estoica presencia. Arquímedes se lo comento finalmente a su mujer quien lo regañó diciéndole “debes acudir al urólogo lo más pronto posible, sin excusas” Pero Arquímedes decidió que lo mejor era presentarse con el dermatólogo quien no era de esos “cuchillo alegre”.
La sorpresa de Arquímedes fue cuando el doctor al ver la lesión con unas lupas especiales le dijo te voy a poner anestesia para tomar una muestra y estudiar con los patólogos, es decir te voy hacer una biopsia.
Arquímedes tenía cita para recibir los resultados, que conoceremos la próxima semana. Si sientes que esta historia te ocurre o conoces amigos que lo vivan, te espero en mis redes sociales para conversarlo @drsotorosa.
Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.


