Por la Dra. Carmen Mantellini
Comenzamos este mes de febrero, y como siempre saludo a todas mis lectoras de Caraota Digital, agradeciendo como siempre su interacción por mis redes sociales y tomando en cuenta sus preguntas, les traigo el tema de este mes, el uso del láser ginecológico, para mejorar nuestra salud sexual.
La menopausia ha dejado de ser un tema tabú para convertirse en una etapa de redescubrimiento. Sin embargo, para muchas mujeres en Venezuela, este período llega acompañado de un visitante silencioso y molesto: el Síndrome Genitourinario de la Menopausia (SGM). No se trata solo de «resequedad»; hablamos de ardor, dolor en la intimidad e incluso infecciones urinarias que parecen no dar tregua.
Históricamente, la solución estándar ha sido el reemplazo hormonal local. Pero, es frecuente que las pacientes abandonen la terapia porque les parece engorrosa o no les gusta la humedad en la ropa interior. Aquí es donde la tecnología láser de diodo no ablativo está marcando un antes y un después en la consulta ginecológica moderna.
El mecanismo de la regeneración
A diferencia de lo que se cree, el láser vaginal no es un procedimiento estético superficial. Su magia ocurre a nivel celular. Mediante una estimulación térmica controlada, el láser induce la remodelación del colágeno y aumenta la vascularización del tejido vaginal. En términos sencillos: le devuelve a la mucosa su elasticidad y grosor natural. Es, literalmente, «estimular» al tejido para que se recupere a sí mismo sin necesidad de fármacos externos.
Resultados que impactan el día a día
La evidencia científica actual respalda una mejoría significativa no solo en la lubricación, sino en el confort global. Para una mujer que ha evitado la intimidad por dolor (dispareunia), el láser representa recuperar su autonomía y bienestar emocional.
Al mejorar el trofismo vaginal, también se observa una reducción en la urgencia urinaria, un alivio inmenso para quienes sienten que su vida depende de la cercanía de un baño.
Es fundamental entender que este abordaje es ambulatorio y seguro cuando lo realiza un profesional capacitado. No requiere reposo prolongado y se alinea perfectamente con el estilo de vida de la mujer actual: activa, informada y decidida, que no desea ver su calidad de vida mermada por el paso del tiempo. Innovar en salud ginecológica es, ante todo, un acto de empatía.
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