Por el Dr. Ricardo Soto-Rosa
Un gran saludo a todos mis lectores de Caraota Digital, agradecido por sus comentarios y preguntas en mis redes sociales sobre el tema que comenzamos a desarrollar la semana pasada, hoy seguimos con la historia de Santiago, que como les digo siempre, es parte del día a día del médico, y por qué en este caso debemos tener tanto cuidado con los golpes y accidentes, además, los peligros de la automedicación.
Isolina y Marcolina, llegaron en chancletas, hasta el puesto de Socorro. Se fueron directo al área de emergencia, uniéndose al grupo de personas consternadas que buscaban información o esperaban noticias de sus familiares ingresados.
Vendedores ambulantes, policías y curiosos hacían parte del ruidoso conglomerado. Casualmente el portero era del mismo barrio y las reconoció enseguida. Al preguntarle por Santiago les dijo: -yo escuche a una enfermera decir que “el vendedor de majarete tenía una hemorragia por dentro y lo tenían que operar de urgencia…”
El cirujano observó en la tomografía de Santiago la presencia de imágenes sugestivas de líquido en la cavidad peritoneal con densidad similar a la sangre. También se podía distinguir con claridad la ruptura del lóbulo derecho del hígado e importante aumento de volumen alrededor del riñón, sin paso del contraste a través del mismo.
En una camilla con las ruedas inestables, entre un camillero y el residente de cirugía general, subieron a Santiago al área quirúrgica. El personal, ya alertado, había preparado el instrumental necesario. Se encontraba pálido y sudoroso con el pulso acelerado y casi imperceptible, siendo imposible medir la tensión arterial. El anestesiólogo apremió: – ¡vamos, rápido, está en shock hipovolémico!
Mientras le daban la anestesia, infunden a chorro soluciones para expandir su espacio vascular y recuperar tensión, así mismo comenzaron una transfusión urgente. El cirujano de guardia tomó el bisturí con gran agilidad y precisión, procedió a la apertura de la pared del abdomen a través de una gran incisión media, abordando el interior de la cavidad abdominal donde comenzó aspirar gran cantidad de líquido vinoso y coágulos.
Identificó ruptura del lóbulo derecho del hígado, donde una activa fuente, bañaba al resto de los órganos. Uno de los ayudantes comenzó hacer compresión sobre el área sangrante mientras el cirujano elimina parte de hígado desvitalizado y tomaba sendos puntos hemostáticos con agujas especiales para suturar el hígado. Al contener la hemorragia, la tensión arterial se fue recuperando.
El cirujano, le dijo al equipo –Ahora vamos a evaluar el riñón derecho, para eso debemos movilizar los órganos que se encuentran por delante, empecemos con el colon.
Apenas iniciada la movilización del intestino grueso, apreciaron un gran hematoma ocupando el retro peritoneo, sobre el área renal. Al explorarlo, observaron en silencio el desastre…Uno de los ayudantes dijo que el riñón parecía un majarete estrellado contra el suelo…Efectivamente el riñón de Santiago se había fragmentado en pequeños pedazos sangrantes, con lesión irremediable, del llamado pedículo renal, conformado por los elementos más delicados.
Con tristeza tomaron la decisión de practicar la extirpación del órgano que ya no era viable. Una vez que el riñón fue extraído, procedieron a revisar el resto de los órganos. Fue allí cuando el cirujano, con preocupación dijo –no logro identificar el otro riñón izquierdo, solo toco unas durezas irregulares en el área.
El anestesiólogo los apremió para que terminaran la cirugía, lo más pronto posible, ya que la condición del vendedor de majarete era muy inestable.
A las puertas del quirófano se encontraban Isolina y su comadre Marcolina, quienes lograron entrar gracias a la relación que tenían con su vecino el portero.
El cirujano, junto a su equipo, las hizo pasar a una pequeña sala para explicarle que la situación de Santiago era muy delicada y comprometida. También preguntaron si alguna vez había sufrido de los riñones. Entre lágrimas, Isolina comentó – hace unos dos años, Santiago regresó de vender majarete, con mucho dolor del lado izquierdo, por lo que acudió a un doctor que le diagnosticó piedra y le indico unos calmantes que tardaron varios días en quitarle el dolor.
En la próxima entrega seguiremos narrando la historia de Santiago el vendedor de Majarete. Mientras tanto, los espero en mis redes sociales @drsotorosa donde les explico de forma amena y directa mucho más de esta y otras patologías.
Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

