¿Y cuándo llega? Tres vicios comunes que entorpecen nuestro trato diario

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¿Y cuándo llega? Esta es la pregunta que retumba en la mente de millones de venezolanos frente a la expectativa, pero también es la frase que define nuestra vida cotidiana. En mis 27 años de carrera en medios de comunicación y mercadeo observando el comportamiento de nuestra gente, he visto de cerca cómo cargamos con la mala fama de llegar tarde a todos lados.

La realidad es que la gran mayoría de los venezolanos trabaja duro y anda con el reloj en la mano, pero la etiqueta se quedó. «¿Y cuándo llegas?» es lo que le escribes al amigo que te dejó esperando, al paquete que no entregan o a la buseta que no pasa. Vivimos sumergidos en cultura de espera e incertidumbre, donde la falta de certeza nos tiene a todos con la paciencia prendida de un hilo.

El problema no es solo esperar; el verdadero desgaste ocurre por cómo nos comunicamos mientras esperamos. Cuando la respuesta a un ¿dónde vienes? es “ya voy” o un audio interminable que no aclara nada, la tensión se dispara y la conversación termina en fricción.

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Como especialista en comunicación y apasionado por nuestra forma de relacionarnos, estoy convencido que en un entorno donde el estrés se respiran en la calle, aprender a hacernos entender con claridad y sin rodeos no es un adorno: es una necesidad de supervivencia urbana.

​A todos nos ha pasado: vas a hacer un trámite simple, pides una información en un comercio o entras a un grupo de WhatsApp y de la nada, lo que debía ser una conversación normal termina en un dolor de cabeza. La buena comunicación no consiste en hablar bonito ni en dar discursos elaborados.

Consiste en lograr que el otro te entienda a la primera, sin enredos ni generando peleas innecesarias.

​Para lograrlo en el día a día, vale la pena revisar tres vicios comunes que entorpecen nuestro trato diario:

  • El misterio y la vuelta innecesaria: Decir las cosas a medias genera desconfianza. En la calle y en la vida, la transparencia ahorra tiempo. Ir al grano no es ser grosero; es valorar el tiempo del otro.
  • ​Las notas de voz interminables: Mandar un audio de cuatro minutos para decir algo que se explicaba en diez segundos no es comunicarse, es traspasarle la prisa al vecino. La concisión es una forma de respeto.
  • ​Suponer antes de escuchar: Muchas discusiones nacen porque respondemos a lo que creemos que la otra persona quiso decir, no a lo que realmente dijo. Escuchar cinco segundos antes de reaccionar cambia por completo la dinámica.

​Hablar claro no significa andar a la defensiva ni imponer la razón a gritos. Significa tener la firmeza para decir lo que se necesita, la educación para expresarlo con respeto y la soltura para no ahogarnos en un vaso de agua por un malentendido.

​Al final del día, la calle fluye mejor cuando aflojamos los puños, bajamos el tono y aprendemos a hacernos entender sin necesidad de pelear. Si quieres seguir debatiendo sobre esto o compartir tus experiencias del día a día, los leo a todos en mis redes sociales: @elefracruz para que sigamos la conversación.


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