Millones de personas se ven afectadas por despertarse en plena madrugada y no poder volver a dormir. Aunque suele interpretarse como un problema moderno, el sueño interrumpido ha sido un patrón habitual en la humanidad.
Un estudio reciente de Escuela de Medicina de Harvard indicó que este fenómeno del sueño no es una anomalía. Al contrario, cuenta con claras causas biológicas y culturales que llevan milenios presentes en el ser humano.
Diversas culturas documentaron el «sueño segmentado». Durante siglos, las personas durmieron en dos fases: una tras el atardecer y otra tras un periodo de vigilancia en medio de la noche, cuando se atendían tareas domésticas, se visitaba a vecinos y se conversaba.
Este fenómeno permaneció hasta la Revolución Industrial, ocuando la luz artificial unificó los patrones del sueño. Esto alteró profundamente los ciclos de descanso, cambiando las fases nocturnas y el horario de dormir.
SUEÑO DURANTE TODA LA NOCHE
La ciencia moderna indica que el descanso se organiza en periodo de 90 a 110 minutos. En estos ciclos se producen fases ligeras, profundas y REM (movimiento ocular rápido), generando que el sueño profundo ocurre en la primera parte de la noche.
Durante la madrugada, predominan las fases ligeras, lo que facilita que las personas se despierten espontáneamente. Esta es la razón por las que millones de personas se despiertan en plena madrugada y no pueden volver a conciliar el sueño.
Tomando estos aspectos en cuenta, queda claro que despertar en la madrugada se debe tanto a factores biológicos como a los hábitos de vida. A esto se suman los niveles hormonas, la glucosa sanguínea, el ritmo circadiano y los problemas de salud.
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Especialistas de Harvard recomendaron adoptar hábitos que favorezcan un descanso reparador y el sueño continuo. En tal sentido, instaron a mantener horarios regulares para dormir, reducir el uso de equipos electrónicos antes de acostarse y mantener un ambiente oscuro y silencio en la habitación.
En caso de que estos consejos no funcionen, otra recomendación es aplicar la terapia cognitivo-conductual para el insomnio. Este proceso aplica técnicas conversacionales, ejercicios de relajación y ajustes a la rutina nocturna.

