os venezolanos permanecen conmocionados por los devastadores terremotos que sacudieron el país el pasado 24 de junio. Un mes después, siguen trascendiendo las consecuencias que dejó esta tragedia en la salud mental de los ciudadanos.
Uno de los casos más habituales ha sido la aparición de la culpa del sobreviviente. La psicóloga clínica Zena Sleiman explicó a Caraota Digital algunas características de esta condición y los recursos disponibles para hacerles frente.
Aunque no aparece como un síndrome descrito en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), Sleiman apuntó que se trata de un «fenómeno caracterizado por la culpa intensa que sienten los sobrevivientes en distintos contextos».
«Se ha registrado tanto en veteranos de guerra como en sobrevivientes de catástrofes naturales, como lo es el caso del terremoto en Venezuela», apuntó Sleiman. También se da en migrantes y sobrevivientes de enfermedades graves.
¿A QUÉ SE DEBE?
La especialista señaló que este fenómeno surge como una respuesta del organismo para «darnos cierta ilusión de control». Así pues, los sobrevivientes sienten que «hubiésemos podido hacer algo distinto» o «podido salvar a las personas».
Sleiman recordó que los terremotos generaron una «devastación tan grande» e «inabarcable», en donde los sobrevivientes experimentan esta sensación. Según la experta, no es más que el cerebro buscando tener el control ante semejante tragedia.

«Nos confronta mucho con el escaso control que tenemos sobre las cosas que pasan en la vida, la incertidumbre, la fragilidad humana y, de alguna manera, esa culpa nos da esa ilusión de que tenemos control», añadió.
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La experta recordó que la culpa puede ser sumamente problemática, puesto que «puede paralizar» a los afectados. «La culpa al final es como molestia con uno mismo y uno lo que quiere es dejar de sentir eso», acotó.
¿QUÉ HACER?
Igualmente, Sleiman aseguró que hay distintas herramientas que se pueden usar para hacer frente a la culpa del sobreviviente. «La idea es que podamos transformar esa culpa en agradecimiento y responsabilidad», apuntó.
«Es decir, desde nuestra vida, ciertas rutinas, nuestro trabajo», apuntó Sleiman. A esto se suman que se haga uso responsable de recursos económicos, académicos, cognitivos y emocionales para «ponerlos al servicio» de los afectados.
Sleiman concluyó que cuando se ayuda desde la culpa, suele hacerse sin límites o conciencia y «probablemente no sea sostenible en el tiempo». Por tanto, sostuvo que hay que ser «responsables, tanto con nosotros mismos como con el prójimo»
Hasta el viernes, se contabilizaron 5.546 fallecidos por los terremotos, además de cientos de edificios afectados, de los que 200 colapsaron. A esto se suman 16.740 heridos y más de 20.000 damnificados, aunque no hay una cifra oficial de desaparecidos.

