Seis miembros de una familia radicada en Marín, en Pontevedra (España), permanecen sepultados desde el pasado 24 de junio bajo los escombros de un edificio en La Guaira como consecuencia de los terremotos, tras regresar al país para reencontrarse con sus parientes tras siete años.
De acuerdo con lo reseñado por el diario El País, se trata de Yhosvany Hernández, entrenador de hockey; su esposa Adela Taberneiro; sus hijos Lía, de nueve años, y Ulises, de ocho; y los abuelos paternos, Carmen Rosa Fernández y Roger Hernández, quienes los recibían en su vivienda cuando los terremotos de 7,2 y 7,5 derrumbaron la torre por completo.
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La familia había emigrado a Galicia buscando mejores oportunidades educativas para los niños y tenía previsto regresar a España el próximo 16 de julio.
Sin embargo, todos figuran entre los 138 españoles —muchos con doble nacionalidad venezolana— reportados como desaparecidos tras el derrumbe.
El encuentro familiar coincidía además con los cumpleaños del abuelo y del padre, celebrados justo la tarde cuando ocurrió la tragedia.
Mabel Hernández, hermana de Yhosvany, no se ha movido del lugar (los escombros de la Torre B del complejo «Opppe33» en el bulevar de Naiguatá, La Guaira) desde el 24 de junio, durmiendo a la intemperie junto al edificio colapsado mientras vecinos intentan remover los escombros con las manos, sin apoyo institucional suficiente.
Según relató, la llegada de maquinaria pesada se retrasó por la falta de combustible, una carencia que atribuyó a la desidia de las autoridades más que a la escasez real de recursos en el país.
Fue Mabel quien propició el reencuentro familiar. Relató, que hace ocho meses había traído a sus padres desde Cuba y la familia se reunía siempre que podía cada 23 y 24 de junio, los cumpleaños de su padre y de su hermano. «Al final fue como una despedida», expresó.

AYUDA DESDE ESPAÑA
En tanto, desde España, un vecino de la familia venezolana llamado Eduardo Campos ha intentado movilizar ayuda a través de contactos militares, familiares en Panamá y Estados Unidos, y medios de comunicación locales, en un esfuerzo por visibilizar el caso desde la distancia.
La amistad entre su hijo y Ulises, forjada en la escuela y el equipo de hockey, ha convertido la espera en una angustia compartida por ambas familias.
Sin embargo, pese a los esfuerzos, el caso de los Hernández Taberneiro se suma a la lista de decenas de miles de venezolanos y extranjeros atrapados en las zonas más golpeadas por los terremotos, donde muchos de los parientes de las víctimas denuncian –incluso pasada dos semanas– escasez de maquinaria y personal de rescate.

CARTA PARA QUE CONTINÚE LA BÚSQUEDA
De hecho, este lunes, 6 de julio, vecinos y amigos de la familia enviaron una carta a las autoridades venezolanas pidiendo que no cesen las tareas de rescate.
La misiva señala que, pese a que ya no cuentan con la grúa telescópica de días anteriores, las labores continúan solo con familiares y voluntarios, en una zona donde permanecen desaparecidas cerca de 200 personas.
«Lo hacemos en nombre de muchas familias que permanecemos en contacto diario a través de un grupo de WhatsApp, donde recibimos información constante y de primera mano de nuestros familiares que se encuentran en La Guaira, en Venezuela, siguiendo minuto a minuto todo lo que sucede en la Torre B del complejo Opppe33», reza parte de la misiva, escrita por la madre de una compañera de la pequeña Lía.
«Le rogamos, por favor, que valore la posibilidad de prestar ayuda humanitaria para reforzar las labores de rescate», se agrega en la carta.
Y continúa: «Lo que más nos desespera es que, durante la noche de ayer (por el domingo) retiraron la maquinaria pesada y se marcharon, a pesar de que existen indicios claros de que todavía hay vida. Permanecen algunos rescatistas en el lugar, pero sin la maquinaria necesaria sus posibilidades de acceder a las zonas donde podrían encontrarse los supervivientes son muy limitadas», lamentaron.
«Según la información que nos llega desde el lugar, se han utilizado sensores de calor y de sonido que han detectado señales compatibles con la presencia de personas con vida. Cada minuto que pasa es crucial», continúa la reclamación desde Marín.

